New Orleans Speech for Opening at Casa Abboy
by Rebecca Zilenziger

(Article in English)
“Sólo caminando más cerca de tí”
por Christopher Malone
En un mundo de trabajo arduo y de trampas,
Si vacilo, Dios, ¿a quién le importa?
¿Quién conmigo comparte mis cargas?
Sólo Tú, mi Dios, sólo Tú.
Las pasiones que sentimos por algunas ciudades son nuestros grandes secretos. La mía comienza al ver la relación de ellas con las aguas que las nutren.
Los torcidos canales de Venecia y los estrechos caminos que los rodean, la enmarcan como lo hace un marco a una obra. Cuando la inmensidad del polvo color magenta abre su boca para tragarse las piedras color cobalto del Table Mountain en Camp’s Bay Beach en Capetown. Cuando al rayar el alba, las aguas color esmeralda del estrecho del Bósforo dividen a Estambul al desvanecerse las luces de la Mesquita para el llamado de la oración. Cuando la neblina y el viento barren la bahía de San Francisco al meridiano de un fallido día soleado en pleno invierno. Hasta Nueva York, donde vivo y trabajo y donde la naturaleza ha sido expulsada y reemplazada por rascacielos que surgen desde el suelo como gigantescas tumbas, siendo este desierto de concreto y hierro una serie de islas que dependen de sus rios y muelles.
Y entonces está Nueva Orleáns, mi hogar. Nueva Orleáns no existiría sin agua. Ella es agua, una ciudad en un pántano donde el mar no se separa de la tierra. Una ciudad donde, como en ninguna otra ciudad, el agua define su estilo de vida. Dondequiera que miras hay agua. En Nueva Orleáns respiramos agua. Nos tomamos el aire. A finales de agosto 2005, las aguas que le dieron vida a Nueva Orleáns finalmente la traicionaron. Empujaron y arroparon sus diques y se tragaron la ciudad por completo. Dejaron cientos de cuerpos flotando dentro de las casas transformadas en tumbas marinas. Dejaron a miles personas en los techos, sobre decena de miles refugiadas en el Superdome o el Centro de Convenciones y ciento de miles dispersadas en lugares desconocidos alrededor del país. Ellas expusieron al mundo los efectos patológicos de la pobreza y el racismo en los Estados Unidos de América y la profunda ineptitud del gobierno más poderoso del mundo.
Tal vez le hubiera sido mejor a Nueva Orleáns si no hubiese resurgido de las aguas. Después de todo, Atlantis se ha inmortalizado como la civilización pérdida, o si creen a los modernos, como una sociedad utópica. O Pompeya, desaparecida en el doblez del tiempo y enterrada por 17 siglos antes de ser redescubierta por accidente. Nueva Orleáns debería haber tenido esa misma suerte. Pero todo lo contrario, después de haberla drenado durante las semanas después de Katrina, tuvo que sobrevivir sin lo único que le dió a ella una nobleza distintiva: su gente.
¡“Oh, cómo ha llegado a sentarse solitaria, la ciudad que abundaba en gente! ¡Cómo ha quedado como viuda, la que era populosa entre las naciones! ¡Aquella que era princesa entre los distritos jurisdiccionales, cómo ha llagado a ser para trabajo forzado! Profusamente llora durante la noche, y sus lágrimas están sobre sus mejillas. No tiene nadie que la consuele de entre todos sus amadores. Todos sus mismísimos compañeros la han tratado traidoramente. Se han vuelto enemigos suyos.”
(Lamentaciones 1:1-2)
Tres años más tarde, el mundo regresó a su rutina luego de Katrina, de Nueva Orleáns, de las grotescas imágenes que anonadaron y confundieron a billones de personas alrededor del mundo durante cinco aterradores días a fines del verano del 2005. Más de tres años más tarde, las imágenes tomadas por Rebecca Zilenziger y otros fotógrafos han captado lo que al parecer es historia antigua. Por los pasados tres recesos primaverales, he traído estudiantes de Pace University, donde enseño ciencias políticas, a Nueva Orleáns para hacer trabajo voluntario. El pasado Marzo 2008 una de mis estudiantes le dijo a sus padres que iría a Nueva Orleans como voluntaria y ellos le preguntaron para qué. Ella respondió: “para lo del huracán Katrina” . Ellos respondieron: “tú me quieres decir que eso todavía continúa”?
Sí, supongo que eso todavía continúa.
Probablemente esa sea la razón por la que las imágenes de Zilenziger son importante mantenerlas vivas. Vale la pena luchar por algunos pedazos de ésta mortal tierra, sobre todo en momentos de pérdida. Desde el huracán Katrina miles de sus residentes han regresado a reparar el daño a los diques y a sus vidas. Casi la misma cantidad de voluntarios han hecho el pelegrinaje para ayudar. Algunos miraron a Katrina y se alegraron de que Nueva Orleáns por fin se libraría de la pobreza y la fealdad. Mi respuesta es que yo no sabía lo que era la verdadera pobreza y fealdad hasta que dejé mi hogar siendo joven y ví a los moribundos suburbios y los frios centros comerciales de America.
Estas imágenes importan porque nos recuerdan que, a pesar del dolor de Katrina, la muerte, la destrucción y la vana arrogancia de hombres no pueden conquistar el insaciable apetito por la vida de la gente de Nueva Orleáns. Tampoco el exilio que representó Katrina. Estas lecciones no debemos olvidarlas tan pronto.
Las civilizaciones perdidas y las sociedades utópicas están hechas para la mitología. Pompeya es un hermoso cementerio y un trágico museo. Nueva Orleáns es para los vivientes.
Estoy caminando a Nueva Orleáns.
Caminando junto a tí, Nueva Orleáns.
Cuando llegue empujaremos las aguas hacia atrás--
Hacia el Lago,
Hacia el Río.
Con la pala en una mano y el cuerno en la otra.
Christopher Malone, Ph.D
New York City,
Diciembre 1, 2008